Ahora que llega el final del año creo es un buen momento para hacer balance de lo ocurrido durante los últimos doce meses, echar la mirada atrás y reflexionar sobre los momentos y experiencias acontecidos .

El 2021 empezó a lo grande, con un positivo en COVID y una larga cuarentena, y por si esto no era suficiente, a través de la televisión fui testigo de cómo una multitud de personas asaltaba el capitolio de los EEUU y viví en primera persona una nevada histórica que paralizó Madrid durante días y que recordaremos para siempre como Filomena. En enero los acontecimientos históricos se estaban empezando a acumular y tengo la impresión de que si por entonces hubieran llegado unos OVNIS a la tierra, no hubieran generado demasiada expectación, tal y como estaba de entretenido el panorama nacional e internacional.

He de reconocer que si el 15 de marzo de 2020 (día 1 del confinamiento) nos hubieran dicho que acabando 2021, vacunas de por medio, íbamos a vivir de nuevo unas navidades con tantas restricciones y medidas de aislamiento, hubiera sido difícil de creer, pero es evidente que seguimos inmersos en un proceso de transformación global y poniendo a prueba nuestras capacidades de adaptación a las circunstancias actuales que como sociedad e individuos nos toca vivir.

Particularmente no soy de esas personas a las que les gusta estar todo el día pegado a la televisión viendo si la incidencia acumulada del virus sube o baja, que sienten miedo al salir a la calle y relacionarse con otras personas, pero reconozco una cosa, y es que, más allá de todo el dolor y sufrimiento innegable que está pandemia está generando, me preocupa mucho los efectos secundarios que puedan derivarse de todo esto, cómo por ejemplo los cambios en las relaciones sociales y, sobre todo, la división que percibo en la sociedad entre partidarios de las restricciones, vacunas, etc, y los que tienen una visión totalmente contraria de lo que está ocurriendo y de la manera de afrontar la situación. Me genera inquietud la crispación que percibo en la sociedad y creo que es responsabilidad de todos intentar bajar un poco las revoluciones emocionales, poner un punto de cordura, intentar respetar las opiniones de los que piensan de una manera distinta y poner cada uno nuestro granito de arena para conseguir salir adelante de todo esto con el menor daño posible. Sé que lo que comento puede parecer algo utópico pero creo que todos tenemos la oportunidad de contribuir a la causa. En mi caso particular he tenido que aprender a convivir con personas muy cercanas a mi entorno con una visión totalmente distinta a la mía y reconozco haber vivido situaciones incómodas que creo me han ayudado a desarrollar una perspectiva un poco más amplia de la que en un principio tenía.

No soy de los que piensan que existe una verdad absoluta, una única manera de analizar nuestra realidad. Constantemente nos llegan verdades que caducan al poco tiempo, todo lo que ocurre a nuestro alrededor está lleno de matices que se pueden interpretar de maneras muy distintas en función de la experiencia personal de cada uno. Por ello sinceramente creo que, independientemente de las creencias que cada uno tenga, siempre que respetemos las opiniones de los demás, juzguemos algo menos y nos esforcemos por buscar la manera de encontrar un marco de convivencia entre los distintos puntos de vista, las probabilidades como sociedad de salir más unidos y reforzados de esta crisis, aumentarán. No es fácil pero sé que se puede hacer y estamos obligados a intentarlo.

Virus aparte, 2021 ha sido un año de momentos inolvidables, sobre a todo a nivel personal: viajes maravillosos por España, la compra de una nueva casa, la experiencia religiosa de realizar una reforma integral en la nueva vivienda, regresar al Camino de Santiago y hacerlo por primera vez acompañado de mi pareja (Amalia), descubrir el snowboard, y muchas otras cosas más que prefiero ahorrarme por no extenderme demasiado.

Para ir terminando, si tuviera que resumir 2021 en una sola palabra, me quedaría con adaptación. Son muchas las situaciones inesperadas que han surgido a lo largo del año y que me han obligado a replantear las cosas, aceptar la nueva situación y avanzar en nuevas direcciones. Y doy gracias por ello porque los cambios son fundamentales para progresar en la vida, aprender y crecer, aunque a veces surjan miedos.

Mientras tanto, el 2022 ya está prácticamente aquí y se presenta lleno de nuevos e ilusionantes retos. A ti, que estás leyendo este post y que has conseguido llegar hasta el final, te doy las gracias por tu tiempo y te deseo lo mejor en este nuevo año que comienza, que esté lleno de cambios positivos y que consigas sacar adelante todos los retos y proyectos que te propongas.

UN ABRAZO

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2 Responses

  1. Ver un señor disfrazado de bisonte acompañado de la caterva de acólitos suyos tomando el capitolio es la imagen del año ( mas que nada que ni hollywood puede imaginarse esa situación ni esa imagen) . Lo que si que soy totalmente consciente que ha cambiado todo y que todo esta en transformación y no creo que el resultado de esta transformación masiva de por resultado algo mejor . De este año lo que he aprendido es a callarme , hay una manía de hacer publico y de manera ostentosa, casi grosera lo que opina cada persona transformando la sociedad en una generadora de ruido. Todo el mundo habla, se escucha entre poco y nada, porque directamente no se quiere escuchar y eso a mi me da mucho miedo.

    Las sociedades se han enfrentado muchas veces a situaciones en las que se pone delante de un espacio en negro sin saber si lo que tiene delante es una abismo , una montaña o una inmensa llanura , la diferencia que es ahora todo va muy deprisa , digamos que se ha perdido la escala humana del cambio , eso genera miedo que genera crispación y retroalimenta de manera maldita el mismo miedo.

    Seguimos para delante con la incertidumbre por el futuro y hagamos cada día por mejorar lo que tenemos alrededor , menos señores vestidos de bisontes que para señores disfrazados están los carnavales .

    • Jesús, totalmente de acuerdo contigo. Particularmente a mi también me da mucho miedo «callarme», para evitar incomodar, meter la pata, generar tensión o incluso una posible discusión. Y en ese silencio reconozco que hay mucho malestar, en cierto modo tengo la impresión que hoy doy como sociedad somos mucho menos libres de lo que éramos antes, y no parece que la cosa apunte a mejor. Esperemos que 2022 nos depare muchos cambios a positivo.
      Un abrazo

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